Había un vez una recolectora de luz.Cada noche salía a pasear por el espacio y guardaba los rayos del sol en un canasto. En el espacio, los rayos de luz son como copos de nieve amarillos. Al volver a casa, guardaba los copos luminosos en una botella transparente que ponía sobre su mesa de noche. Así cada día de invierno, respiraba la energía y el calor que irradiaba su botella, y por las noches, la luz le servía de lamparita. En verano y primavera, la recolectora repartía los copos de luz en pequeñas botellas y las enviaba a las ciudades donde el cielo suele cubrirse como una pansa de burro gris, para poder iluminar las casas de sus seres queridos. Era su misión, buscar la luz y la energía, y también su fuente de vida, porque la luz la hacía más fuerte y alegre. Así, la recolectora guardaba su secreto en el fondo de su corazón, nadie tenía por qué saber el secreto que tenía con el sol.