martes, 4 de octubre de 2011

Despedidas











Y de pronto hubo que decir adiós, era una despedida breve, volveríamos a encontrarnos. Eso era lo que nos decíamos para no pronunciar ninguna palabra triste. Para qué. Estábamos seguras de que aquí o allá volveríamos a vernos. Nuestro Aquí era sobre todo la casa de La Rambla del Prat. La terraza donde nos sentábamos a mirar los techos de las casa viejas de Barcelona y al fondo el Tibidabo iluminado. Fisgoneábamos las comidas de las familias catalanas, el señor que se sentaba con su radio y sus lentes oscuros a mirar sin que lo vieran, las terrazas vacías que soñábamos tener, imaginando las fiestas que armaríamos en esos espacios tan grandes y desperdiciados. La casa era lo único que ya no estaría en nuestro próximo encuentro.

Nuestro Allá, era ese nosotros individual, el que cada una utilizaba para describir lo que nos identificaba y que luego se fundía en un nosotros colectivo, al ser tan evidente todo lo que nos unía –ya sabes, como en nuestros países- decíamos. A veces es tan fácil que no te haces preguntas y eso es lo bonito, es natural, como si hubiera estado dado el conocernos y el querernos. Esta vez me toca despedirlas a todas, pero me gusta pensar en nuestro próximo encuentro en México, en Chile, en Perú, o en Barcelona. Porque como dice Ana, nos vamos a buscar lo que hoy nos hace falta y estoy segura que aquí o allá lo encontraremos.

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